Todo el mundo conoce la plaza Gae Aulenti, pero pocos saben que a pocos pasos de sus edificios futuristas hay un patio secreto que parece salido de un plató de cine de los años 50. Es el refugio de Miro – Osteria del Cinema, un oasis nacido dentro de la gran pantalla donde el tiempo tiene un ritmo diferente. Si buscas el brunch perfecto —ese en el que la belleza del lugar cuenta tanto como la calidad del plato—, este rincón escondido del Viejo Milán es tu próxima parada obligatoria.
Dentro del Anteo Palazzo del Cinema, Miro representa la evolución de un espacio nacido en 1997, coincidiendo con una de las transformaciones más significativas del Anteo. Concebido desde el principio como punto de referencia para quienes gravitan en torno al cine de autor y las artes visuales, hoy esta identidad se retoma y se amplía. El proyecto mantiene un fuerte vínculo con sus orígenes, con el objetivo de contar historias y ofrecer una experiencia capaz de fusionar la cocina y el imaginario.
El ritual del fin de semana: sabores de autor entre las paredes del Anteo

El brunch de Miro es un guion bien escrito. El menú no busca el efecto especial a toda costa, sino que apuesta por la calidad de las materias primas y por platos que huelen a hogar, reinterpretados con la elegancia de quien conoce bien su oficio. Desde las propuestas dulces hasta las saladas, cada plato parece pensado para saborearse sin prisas, inmerso en una estética que rinde homenaje a los grandes clásicos del cine.
¿Qué ofrece la «escena culinaria» de Miro?
- La dulce bienvenida: a elegir entre dos tartas artesanales (propuestas en colaboración con la famosa heladería Ciacco), el clásico Flan Parisien o una deliciosa tarta de dos chocolates.
- El interludio: el icónico Taco de Miro.
- El plato estrella: un plato a elegir entre una amplia selección de temporada.
- El broche final: el helado gourmet de Ciacco.
- Bebidas y café: zumo recién exprimido o cóctel Mimosa, acompañados de una bebida caliente a elegir.
En una ciudad que corre cada vez más rápido hacia el futuro, Miro nos recuerda que el verdadero lujo es saber detenerse. Sentarse en este patio, con el horizonte de Porta Nuova asomándose por encima de los tejados de la barandilla, te regala una extraña y hermosa sensación de vértigo: te sientes en el corazón de la metrópolis más moderna de Italia, pero con los pies bien plantados en su alma más auténtica y culta. No es solo un brunch, es un acto de resistencia a las prisas; una escena sacada de una película de un Milán que nunca deja de sorprender a quien sabe mirar más allá de los lugares de siempre. Una vez que salgas, de vuelta hacia la plaza Gae Aulenti, tendrás la impresión de que el mundo que te rodea es un poco menos ruidoso y mucho más poético.
¿De dónde surge «Miro»?
No es un nombre elegido al azar. Miro es un homenaje a Miro Silvera, figura polifacética y carismática de la cultura milanesa, escritor y crítico de cine que durante años hizo del Anteo su «hogar». Dedicarle este espacio significa elegir no ser un simple restaurante, sino un lugar de reflexión y narración. Es precisamente este legado intelectual el que se respira entre las mesas: aquí la cocina no es solo comida, es una forma de narración que continúa incluso después de que se hayan apagado las luces del comedor.