En un pequeño pueblo a unas 3 horas de Milán se encuentra el belén iluminado más grande del mundo. Esta brillante representación de la natividad tiene sus raíces en 1976, cuando un antiguo ferroviario llamado Mario Andreoli creó una gran cruz y la colocó en lo alto de la colina donde hoy se alza el belén. A lo largo de los años, incluso después de la muerte de Andreoli, las figuras luminosas de la colina siguieron aumentando, hasta llenarla por completo. En 2007 entró a formar parte del Guinness de los Récords y hoy es el símbolo navideño de la ciudad, que atrae cada año a cientos de turistas de toda Italia y del extranjero.
El belén ocupa unos 4.000 metros cuadrados de ladera aterrazada con vistas al mar y cuenta con unos 300 personajes. Pastores, ovejas, artesanos, Reyes Magos y otras figuras religiosas se iluminan cada año por estas fechas, desde el momento en que se pone el sol, permaneciendo visibles durante unas horas. Las siluetas están hechas principalmente de hierro, madera, plástico y otros materiales reciclados, que luego se iluminan con decenas de miles de bombillas conectadas por kilómetros de cables. En los últimos años, para hacer más sostenible esta tradición, las figuras se alimentan de un sistema fotovoltaico.

Dónde ver el belén y cómo llegar
Desde Milán, se puede llegar a Manarola cómodamente en tren o en coche. En tren, saliendo de la Estación Central de Milán, se hace transbordo en La Spezia o Monterosso y se continúa con un Cinque Terre Express regional directo al pueblo. En coche, el trayecto dura unas tres horas y, en los últimos kilómetros, la carretera se convierte en una serie de curvas panorámicas con vistas al mar.
El Pesebre se ve bien desde la plaza principal de Manarola y desde miradores a lo largo del pueblo, aunque algunos prefieren admirar las luces desde senderos cercanos, donde la vista es aún más espectacular. Quienes opten por observarlo desde los senderos de la ladera, sin embargo, deben tener en cuenta la presencia de escalones empinados y tramos mal iluminados.