Olvida el vuelo intercontinental a Río de Janeiro y deja en el cajón el pasaporte para Nueva York. A menos de una hora de Milán, en la orilla piamontesa del lago Maggiore, se alza un coloso que parece desafiar al cielo y que ostenta un récord mundial a menudo poco conocido. Se trata del San Carlone de Arona: una estatua majestuosa e imponente que, durante más de dos siglos, ha sido la más alta del mundo.
Encargada en el siglo XVII por el cardenal Federico Borromeo para honrar a su primo, el santo Carlo Borromeo, nacido en Arona en 1538, la estatua supera los 35 metros de altura y domina el panorama del lago Maggiore desde hace más de tres siglos.
Además, es una de las pocas estatuas del mundo que se pueden visitar también por dentro: un récord poco conocido que la convierte en una verdadera singularidad en el panorama europeo. Su estructura, realizada en cobre y mampostería, tiene un aspecto imponente y solemne y representa no solo un símbolo religioso, sino también un fuerte signo de identidad para todo el territorio.
El gigante italiano «padre» de la Estatua de la Libertad estadounidense: el vínculo secreto entre Arona y Nueva York.

Pocos saben que, si hoy la Estatua de la Libertad domina el horizonte de Manhattan, parte del mérito recae precisamente en este pueblo situado a orillas del lago Maggiore.
Cuando el arquitecto Frédéric-Auguste Bartholdi comenzó a diseñar la Estatua de la Libertad, se enfrentó a un enorme reto de ingeniería: ¿cómo sostener una estatua de dimensiones tan imponentes sin que se derrumbara bajo su propio peso?
Encontró la respuesta durante su estancia en Arona, donde estudió la estructura de la colosal estatua italiana, es decir, la técnica de las placas de cobre martilladas y fijadas a un núcleo de piedra y hierro. Una placa a los pies de la Estatua de la Libertad recuerda aún hoy este vínculo histórico, lo que convierte a Arona en una parada especial para quienes aman descubrir las historias menos conocidas y los grandes secretos de la arquitectura.
Escalar el Gigante: la experiencia adrenalínica en las «entrañas» del Santo.

La visita guiada permite descubrir la historia, el arte y las curiosidades que rodean el monumento, pero el momento más emocionante es, sin duda, la subida. Una escalera de caracol conduce a la terraza panorámica situada a los pies de la estatua, desde donde se puede contemplar el lago Maggiore y las montañas que lo rodean.
Para quienes deseen vivir una experiencia aún más completa, también es posible subir al interior de la estatua a través de una escalera de marinero: un recorrido sugerente que permite «entrar» en el gigante del siglo XVII y percibir su estructura desde el interior, hasta llegar a las pequeñas aberturas panorámicas (los ojos).
Nota: si decidís subir hasta los ojos de la estatua, tened en cuenta que el espacio es muy estrecho y que la subida requiere cierta agilidad. No es una experiencia adecuada para quienes sufren de claustrofobia, pero es absolutamente imperdible para quienes buscan emociones fuertes a pocos kilómetros de Milán.
¿Qué tiene Arona que no tiene Río de Janeiro?
El coloso reabrió el 1 de marzo de 2026 con el siguiente horario:
- Viernes, sábado y domingo de 10 a 17 h en marzo.
- Abril, mayo y junio, de jueves a lunes, de 10:00 a 18:30.
- Julio y agosto, todos los días de 10 a 18.30.
- Aquí tienes la página web oficial para obtener toda la información y reservar tu visita.
Precios:
- Precio completo: 13 euros.
- Reducida (6-16 años): 8 euros.
Dónde: Estatua de San Carlo, Piazzale San Carlo, 28041, Arona (NO)