Imaginad que paseáis entre los elegantes y silenciosos palacios del centro de Milán y, de repente, os sentís observados … por una oreja. No es una alucinación surrealista, sino un pequeño detalle de bronce incrustado en el mármol del número 10 de la via Serbelloni. Casi nadie lo nota, pero esta oreja, que data de los años 30, guarda un curioso secreto tecnológico: un sistema de comunicación que se adelantó décadas a los modernos intercomunicadores.
Realizada por el inventor y escultor Adolfo Wildt, esta oreja no fue concebida como decoración o capricho de la familia que vivía en el palacio, sino que tenía una función específica que pocos conocen.
La función principal

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En una época en la que aún no existían los intercomunicadores, esta oreja funcionaba como el extremo de un tubo acústico. Quien llegaba a la puerta principal hablaba directamente al oído y su voz se transmitía al portero dentro del palacio. A todos los efectos, se trata de uno de los primeros sistemas de comunicación doméstica utilizados en Milán.
¿Dónde estamos?
Estamos en Casa Sola-Busca, en via Serbelloni, 10, en el corazón del Quadrilatero del Silenzio. A pocos pasos de Villa Invernizzi y sus icónicos flamencos rosas. Un rincón de la ciudad donde la elegancia de la arquitectura Liberty convive con leyendas urbanas y misterios ocultos, visibles solo para quien sabe observar.
El oído hoy: la experiencia
Hoy en día, el oído ya no funciona como interfono, se ha dejado con fines puramente decorativos y artísticos. A su alrededor ha surgido una auténtica leyenda urbana que pocos conocen: a pesar de haber sido desmantelado, el oído nunca ha dejado de «escuchar». Con el tiempo, entre los milaneses ha surgido esta costumbre: se dice que susurrar un deseo o un secreto en el conducto auditivo de bronce puede aumentar las posibilidades de que se cumpla.

Quién era Adolfo Wildt
Adolfo Wildt, conocido como el «maestro del mármol pulido», fue uno de los escultores más innovadores y controvertidos del siglo XX italiano. Sus obras, a menudo cargadas de un intenso dramatismo y un encanto casi espectral, están presentes en los museos internacionales más importantes. En Milán, el Oído de la via Serbelloni muestra el lado más «pop» y funcional de Wildt: un ejemplo de cómo el arte podía integrarse en la vida cotidiana sin perder su inquietante magnetismo.