Milaneses, preparaos: la fruta que veis en el escaparate no se come con las manos, sino con un tenedorito. Desde el 9 de junio, el número 3 de Corso Italia acoge la primera pastelería de Alberto Magri, el joven pastelero de Livorno que, con sus vídeos, ha conquistado a millones de personas en todo el mundo.
Una inauguración que llevábamos meses esperando y que se anunció en las redes sociales como corresponde a una estrella de Internet: un vídeo en el que prepara churros directamente en el escaparate, delante de los transeúntes, con «L’italiano» de Toto Cutugno de fondo.
Más «Made in Italy» imposible.
¿Quién es Alberto Magri, el rey italiano de la fruta realista?
Nacido en 1999, Alberto Magri es la cuarta generación de una familia de pasteleros: empezó a trabajar con la masa a los dieciséis años en la histórica Pasticceria Magri de Livorno, junto a su padre Raffaele.
De esa barra toscana al fenómeno global, el paso ha sido sorprendentemente corto. Hoy cuenta con más de 7 millones de seguidores en Instagram y casi 9 millones en TikTok, con algunos vídeos que rozan los 50 millones de visualizaciones.
¿Su sello inconfundible? El corazón que dibuja con la espátula sobre la crema al terminar de prepararlos.

Su musa declarada es el genio francés Cédric Grolet, maestro indiscutible de lo que ahora todo el mundo llama «fruta realista»: postres que reproducen a la perfección el aspecto de una fruta, pero que al cortarlos revelan mousse, corazones de fruta gelificada y glaseados brillantes.
Como también recordaba Il Post, detrás del efecto trampantojo se esconde un proceso de elaboración que no tiene nada de sencillo.
¿Qué encontrarás en la pastelería (y cuánto cuesta)?
Lo más destacado, claro, es precisamente ella: la fruta que parece recién recogida. Las raciones individuales —desde la «Fragola» hasta la «Fiore Pavlova »— cuestan 12 euros cada una.
Al lado hay una bonita carta de bollería para el desayuno, donde los precios bajan: el Cornetto Italiano (3,50 euros, 4 con los rellenos del día), el Croissant Bicolor con crema de capuchino (4 euros), el Cono de pistacho (5 euros), el New York Roll de chocolate (4 euros) y La Riccia con ricotta, sémola, naranja y vainilla. Tampoco faltan las sfogliatelle, un pequeño homenaje a las raíces de la familia.
El local también merece una mirada: un espacio que llevaba años vacío en un elegante edificio de época, hoy transformado en una pastelería con un diseño sencillo y contemporáneo, con iluminación firmada por TRJ para Tom Dixon Studio.
«Un lugar donde compartir mis creaciones, entre raíces, estética y visión personal», así lo presentó el propio Magri.

Un consejo antes de ir
Si conoces Milán: ármate de paciencia. Desde el primer día se han formado colas larguísimas delante del escaparate, entre curiosos golosos y creadores de contenido gastronómico con el móvil ya encendido, así que si quieres evitar las aglomeraciones, ve a una hora poco habitual.
Y si tienes un paladar exigente, que sepas que hay quien ha encontrado los croissants un poco menos esponjosos de lo esperado: son las raciones individuales de fruta, en todo caso, las que ponen de acuerdo a casi todo el mundo.
Nosotros seguro que nos pasaremos por allí, con el tenedor en la mano.
Dónde: Corso Italia 3, 20122 Milán, a un paso de la Piazza Missori (metro amarillo M3, parada Missori).
Horario: abierto los lunes de 8:00 a 15:00, y de martes a sábado de 8:00 a 19:00.