En pocos meses, podríamos decir que estamos viviendo lo que imaginamos como el futuro. De hecho, Uber ha anunciado que tiene la intención de expandir su mercado de «robotaxis» a algunas de las principales capitales europeas. Según Bloomberg, la oferta de estos taxis autónomos, que ya operan en ciudades como Los Ángeles y San Francisco, se ampliará a más de 10 mercados a finales de 2026. Entre ellos figuran nombres de importantes ciudades europeas, como Madrid y Zúrich. Por lo tanto, no sería tan descabellado que, a finales de 2026, también en Milán empezáramos a ver coches que se conducen solos.
Tras las líneas M4 y M5, que ya funcionan con total autonomía sin conductor, los vehículos sin conductor no parecen una novedad tan revolucionaria. La cuestión más relevante, y uno de los temas más debatidos, sigue siendo el factor seguridad. A diferencia del metro, en la superficie no hay puertas de cristal que eviten los accidentes más graves (y quizás evitables).

Coches sin conductor en Milán: ¿son seguros?
El tema de la seguridad es, con razón, uno de los más debatidos. Por un lado, hay quienes mencionan el hecho de que la mayoría de los accidentes de tráfico son causados por errores humanos. Descuidos debidos al cansancio o a la imprudencia de ponerse al volante cuando no estás en condiciones, sea cual sea la razón, en los coches sin conductor este peligro no existe.
Por otro lado, sin embargo, la conducción está controlada por sistemas y algoritmos que, por muy precisos y eficientes que sean, siempre tienen una probabilidad de fallar. Es precisamente por esta razón que muchos se muestran escépticos ante la introducción de estos coches autónomos: tú, por ejemplo, ¿dejarías tu vida en manos de un coche controlado por inteligencia artificial?
Si esta pregunta te intriga, puedes intentar encontrar la respuesta en una experiencia inmersiva llamada The Jury Experience. Uno de los espectáculos, de hecho, propone un caso en el que un coche sin conductor se ve involucrado en la muerte por accidente de tráfico de un ciclista.
Muerte a manos de la IA. ¿Quién paga el precio?
La trama del caso gira en torno al hecho de que un coche, físicamente hablando, no puede ser acusado de asesinato y que, por lo tanto, el responsable debería ser su creador, es decir, el acusado del caso. Los espectadores (entre los que te incluyes tú, si lo deseas) deben emitir el veredicto final y condenar o absolver al acusado, basándose en un análisis minucioso de las pruebas y los testigos. Un espectáculo inmersivo que invita a la reflexión y que plantea un tema no tan alejado de una realidad a la que pronto tendremos que acostumbrarnos.
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Uber sin conductor: ¿cómo funciona?
Que no hay conductor, lo hemos entendido. Pero, ¿cómo funcionan exactamente estos «robotaxis»? En general, la experiencia en sí no es muy diferente a la de los Uber tradicionales. El coche llega, desbloquea las puertas y te lleva a tu destino. Lo que cambia, además de la ausencia del conductor, es el sistema de conducción y la tecnología utilizada.
Los coches utilizan sensores como cámaras, lidar y radares para «ver» 360° a su alrededor, detectando peatones, vehículos, semáforos y obstáculos en tiempo real. Un ordenador con inteligencia artificial procesa estos datos, planifica la ruta y gestiona los giros, las aceleraciones y las frenadas. Sin embargo, cada empresa importante adopta estrategias diferentes: Waymo, por ejemplo, maximiza la seguridad con numerosas cámaras, radares y lidares; Tesla, por su parte, privilegia un enfoque basado únicamente en cámaras, con menos cámaras pero un software avanzado.