La estación milanesa de Porta Genova cierra, pero su nombre permanecerá mucho tiempo en la memoria urbana de la ciudad. Inaugurada en 1870 con el nombre de Porta Ticinese, fue durante más de 150 años una de las puertas ferroviarias más animadas de Milán, conectando la capital lombarda con numerosas localidades de la región Lomellina. Con el paso del tiempo, ha visto pasar a generaciones de viajeros, estudiantes, trabajadores y domingueros, convirtiéndose en un punto de referencia no sólo para los que tenían que coger el tren, sino también para los que frecuentaban la zona de los Navigli, la Dársena y la vía Tortona. Con su arquitectura del siglo XIX, sus vías a nivel y los pasos a nivel que atravesaban la ciudad, Porta Genova era el símbolo de una Milán popular, hecha de maletas, retornos y salidas cortas pero importantes.
Porta Genova cierra… ¿Y ahora?
El cierre definitivo de la estación, sancionado con la llegada del último tren de vapor histórico el sábado 13 de diciembre, en una mañana cargada de emoción, marca el final de una época y el comienzo de una etapa aún por escribir. El tráfico ferroviario se ha trasladado a otras estaciones milanesas más modernas y mejor integradas con la red de metro y cercanías, mientras que la zona de Porta Genova se prepara para una profunda transformación.
Se habla de proyectos de regeneración urbana, de una posible reutilización turística de las vías para trenes históricos e incluso de la idea de un museo dedicado a la historia del ferrocarril y la movilidad de Milán. Para el barrio, y más en general para los milaneses, la cuestión hoy no es sólo «de dónde saldrá el próximo tren», sino cómo este espacio puede convertirse en un nuevo lugar de encuentro, cultura y memoria compartida en el corazón de Milán.